sábado, 1 de mayo de 2010

TRANQUILIDAD

El día de hoy desperté especialmente bien, (muy temprano, eso sí). Pero "tranquilo", y entrecomillo tranquilo para destacar el sentido figurado que esta palabra ha tenido para quien esto escribe en los últimos meses. La tranquilidad tiene tiempo que se ha convertido en una compañera traicionera: a veces así como aparece se va, súbditamente sin susurrar un adiós cuando menos. Y cuando trato de encontrar resignación ante su dolorosa ausencia, aparece como aquel invitado incómodo que de pronto se para un fin de semana en la entrada de tu casa con una botella de vino tinto. Que más desearía que recriminarle su ingratitud y egoísmo por abandonarme a mi suerte cuando he realizado todo lo humanamente posible para que su estadía no sea fugaz sino para siempre, pero en vez de eso, solo me conformo con las migajas que deja regadas por la alfombra de mi destrozada dignidad y que recojo vorazmente del piso temiendo que alguién más, ávido al igual que yo de su compañía, se las lleve para siempre...

Esa es mi relación con la tranquilidad, una historia de sadomasoquismo pueril que tanto odio, pero a la vez que tanto anhelo...

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